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viernes, 7 de agosto de 2020

INMUNIDAD CRUZADA ENTRE CORONAVIRUS

Últimamente se habla mucho de inmunidad cruzada entre coronavirus. Vamos a ver en qué consiste y qué estudios hay sobre ello.
Siempre que pasamos una infección, como un resfriado, quedan en el cuerpo linfocitos T y B de memoria que permitirán una futura respuesta más rápida, potente y efectiva contra ese agente infeccioso si vuelve a entrar en el organismo. Este es también el objetivo de las vacunas.

Pues bien, la inmunidad cruzada implica que el hecho de haber superado un agente infeccioso podría dejar inmunidad en el organismo no solo frente a dicho agente, sino también frente a otro distinto, con el que comparta cierta homología de secuencia en determinadas proteínas. Y aquí viene el notición de los últimos días: varios estudios sugieren que podría existir inmunidad cruzada entre coronavirus que causan resfriados y el coronavirus SARS-CoV-2 causante de la dichosa COVID-19. Es decir, los resfriados causados por otros coronavirus podrían dejar en el cuerpo inmunidad para defendernos del SARS-CoV-2, de modo que algunos de nosotros podríamos estar inmunizados frente al virus de la COVID-19 sin haber estado expuestos a él.

Y sí, habéis leído bien. Si pensabais que coronavirus solo había uno, estabais equivocados. En realidad, el término coronavirus (coronaviridae) se refiere a una familia a la que pertenecen también otros 4 coronavirus que causan resfriados (HCoV-OC43, HCoV-229E, HCoV-NL63 y HCoV-HKU1), además del ya archiconocido SARS-CoV-2. No obstante, hay varias familias de virus capaces de producir resfriados y estos 4 coronavirus solo son responsables del 15% de ellos. Los que producen todos los demás son rinovirus (los + frecuentes), adenovirus, enterovirus y virus respiratorios sincitiales y parainfluenza.

Pero volviendo al tema del artículo, lo que muestran diferentes estudios recién salidos del horno es que un 20-50% de la gente no expuesta al SARS-CoV-2 podría presentar linfocitos T CD4+ de memoria con reactividad frente a este coronavirus [1]. La explicación sería que las proteínas espiculares de todos los coronavirus presentan regiones muy similares, ya que son homólogas entre sí (comparten ancestro común), y la exposición a uno de ellos generaría linfocitos de memoria reactivos también frente a los demás coronavirus. Esta hipótesis de la inmunidad cruzada cada vez tiene más peso, ya que se han obtenido hallazgos similares en distintos estudios de diferentes países, como Alemania y EEUU, entre otros [2,3]. Cabe mencionar que esta reactividad cruzada no sería algo exclusivo entre coronavirus, sino que ya se había descrito anteriormente algo similar con el virus de la gripe H1N1 [4].

De confirmarse esta inmunidad cruzada entre coronavirus más allá de experimentos in vitro, podríamos dar una explicación al elevado porcentaje de casos de COVID-19 asintomáticos o a los casos con sintomatología leve. Sin embargo, todo esto aún hay que cogerlo con alfileres. Hay que tener en cuenta que son resultados de experimentos in vitro que no aseguran que vaya a suceder lo mismo en un ser vivo, por lo que hay seguir investigando para confirmar esta hipótesis. También existen otras incógnitas por resolver. Una de ellas es el tiempo que puede durar este tipo de inmunidad desde la exposición a otro coronavirus del resfriado.

En definitiva, aún queda bastante camino por recorrer para entender a la perfección la respuesta inmune frente a este coronavirus. Solo el tiempo y, sobre todo, la ciencia nos dirá las respuestas.


Bibliografía:

1) Mateus, J., Grifoni, A., Tarke, A., Sidney, J., Ramirez, S.I., Dan, J.M., et al. (2020). Selective and cross-reactive SARS-CoV-2 T cell epitopes in unexposed humans. Science.

2) Braun, J., Loyal, L., Frentsch, M., Wendisch, D., Georg, P., Kurth, F., Hippenstiel, S., et al. (2020). SARS-CoV-2-reactive T cells in healthy donors and patients with COVID-19. Nature.

3) Grifoni, A., Weiskopf, D., Ramirez, S.I., Mateus, J., Dan, J.M., Moderbacher, C.R., Rawlings, S.A., et al. (2020). Targets of T cell responses to SARS-CoV-2 coronavirus in humans with COVID-19 disease and unexposed individuals. Cell, 181(7), 1489-1501.

4) Hancock, K., Veguilla, V., Lu, X., Zhong, W., Butler, E.N., Sun, H., Liu, F., et al. (2009). Cross-reactive antibody responses to the 2009 pandemic H1N1 influenza virus. New England Journal of Medicine, 361(20), 1945-1952.

martes, 21 de junio de 2016

COMPOSICIÓN DE LA SANGRE Y GRUPOS SANGUÍNEOS

La sangre humana está formada en un 55% por plasma sanguíneo (formado mayoritariamente por agua y contiene proteínas como la albúmina, las inmunoglobulinas y factores de coagulación) y en un 45% por tres elementos formes:

-Plaquetas, que son fragmentos celulares producidos por la médula ósea roja e intervienen en la coagulación sanguínea.

-Leucocitos o glóbulos blancos, que son células nucleadas que intervienen en la defensa del organismo y que se forman en la médula ósea. Se diferencian dos tipos:

            -Monomorfonuleares o agranulocitos, que poseen únicamente gránulos primarios o                            azurófilos y que, a su vez, se clasifican en:

-Linfocitos, que son los leucocitos de menor tamaño y son los encargados de la defensa inmunitaria. Se distinguen linfocitos T, que son los responsables de la inmunidad específica celular, se diferencian en el timo y pueden ser cooperadores (T4) o citotóxicos (T8); y por otro lado, los linfocitos B, que son los responsables de la inmunidad específica humoral y se diferencian en el hígado y en el bazo durante el estado fetal y en la médula ósea en el adulto. Un tercer tipo de linfocitos son las células NK (Natural Killer), que provienen también de la médula ósea pero se diferencian de los otros dos tipos anteriores en que son responsables de la inmunidad innata en lugar de encargarse de la específica o adquirida como hacen tanto los linfocitos T como los linfocitos B.

-Monocitos, que son los leucocitos de mayor tamaño e intervienen en la fagocitosis, que es un tipo de endocitosis en la que la membrana plasmática de la célula se invagina y engloba en su interior partículas de gran tamaño, organismos vivos o restos celulares que forman grandes vesículas, visibles incluso al microscopio óptico, denominadas vesículas o vacuolas de fagocitosis (fagosomas).

-Polimorfonucleares o granulocitos, que presentan tanto gránulos primarios o azurófilos como gránulos específicos o secundarios. Dentro de estos, a su vez, diferenciamos:

-Neutrófilos, que son los más abundantes, suponiendo un 65-68% de los leucocitos. Se encargan de llevar a cabo la fagocitosis.

-Basófilos, que sintetizan un anticoagulante llamado heparina y un vasodilatador denominado histamina y que, al igual que los eosinófilos, juegan también un papel importante en las alergias y en las infecciones parasitarias.

-Eosinófilos, que son los menos abundantes, ya que conforman tan solo un 0,1-1% de los leucocitos. Intervienen en las alergias y en la fagocitosis, junto a monocitos y neutrófilos.


-Eritrocitos, hematíes o glóbulos rojos, que son células bicóncavas carentes de núcleo que se encargan del transporte de oxígeno unido a hemoglobina hasta las células. Se forman en la médula ósea roja.

Sin embargo, la sangre no es igual en todos los seres humanos y la razón por la que se puede clasificar en un grupo o en otro reside precisamente en estos glóbulos rojos.








SISTEMA ABO

Los 4 grupos sanguíneos (A, B, AB y O) fueron descubiertos en 1900 por el científico austriaco Karl Landsteiner, hallazgo por el cual logró conseguir el Premio Nobel de Medicina en 1930 y que ha permitido salvar miles de vidas desde entonces, al dejar establecidos los criterios de compatibilidad sanguínea para llevar a cabo las transfusiones entre seres humanos.

El sistema de grupos sanguíneos ABO en el ser humano es un caso de alelismo múltiple, al igual que las proteínas plasmáticas humanas o el color de ojos de la Drosophila Melanogaster. En los grupos sanguíneos no existen solo dos alternativas para un mismo carácter, sino que intervienen tres alelos, que son A, B y O (ausencia de los antígenos A y B).

Por esta razón, existen 4 grupos sanguíneos distintos según las glucoproteínas presentes en la membrana de los glóbulos rojos que funcionan como antígenos (aglutinógenos). Los glóbulos rojos pueden poseer antígenos en su superficie (A, B o ambos) o carecer de ellos, y para determinar a qué grupo sanguíneo pertenecemos, hay que tener en cuenta que la presencia del antígeno A y la presencia del antígeno B son codominantes y que ambos dominan frente a la ausencia de los antígenos A y B (grupo sanguíneo O). Por ello, los grupos sanguíneos que les corresponderán a los diferentes genotipos posibles serán los siguientes:

-AO: grupo A.
-AA: grupo A
-AB: grupo AB
-BO: grupo B
-BB: grupo B
-OO: grupo O

A la hora de realizar una transfusión sanguínea, es totalmente imprescindible conocer el grupo sanguíneo del donante y del recepetor, ya que estos antígenos son los culpables de la producción de anticuerpos cuando entran en el cuerpo de una persona cuya sangre no presenta dichos antígenos. De esta manera, los antígenos A producen anticuerpos frente a los anticuerpos B, los antígenos B fabrican anticuerpos para los anticuerpos A, los AB no generan anticuerpos y los O (carentes de antígenos A y B) van a producir anticuerpos frente a los dos tipos de antígenos. Por lo tanto, estos anticuerpos fabricados son los responsables de la incompatibilidad de las transfusiones sanguíneas. Si realizáramos una transfusión incorrecta, los glóbulos rojos se aglutinarían y supondría probablemente la muerte de la persona.

Como conclusión, podemos afirmar que a un individuo cualquiera se le podrá hacer una transfusión sanguínea siempre y cuando la sangre inyectada no posea antígenos que no estén presentes en los glóbulos rojos de su propia sangre.

Dicho esto, ¿cuál es el “donante universal”?

El donante universal (término acuñado por Ottenberg en 1911) es el O, puesto que los eritrocitos de este tipo de sangre no poseen en su membrana ningún antígeno que pueda provocar la formación de anticuerpos frente a ellos al ser introducidos en otro individuo de cualquier otro grupo sanguíneo.

¿Y cuál es el “receptor universal”?

El receptor universal es el AB, puesto que tiene tanto antígenos A como antígenos B, de modo que no existe ningún otro antígeno diferente en otro tipo de sangre que al introducirse pueda dar lugar a anticuerpos y un consecuente rechazo.


RECEPTOR
A
B
AB
O
D
O
N
A
N
T
E
A
P
O
P
O
B
O
P
P
O
AB
O
O
P
O
O
P
P
P
P



GRUPO SANGUÍNEO
A
B
AB
O
ANTÍGENO
A
B
A y B
-
ANTICUERPO
Anti-B
Anti-A
-
Anti-A y Anti B
¿A QUIÉN PUEDE DONAR?
A y AB
B y AB
AB
A, B, AB y O
¿DE QUIÉN PUEDE RECIBIR?
A y O
B y O
A, B, AB y O
O


FACTOR RH

El factor Rh es otra proteína aglutinógena a tener en cuenta en la membrana de los glóbulos rojos que permite clasificar también la sangre en Rh+, si tiene esa proteína, o Rh-, si carece de ella. Por esta razón, existen realmente ocho tipos diferentes de sangre: A+, A-, B+, B-, AB+, AB-, O+ y O-, de los cuales el O+ es mundialmente el más frecuente y el AB-, el más inusual.

El funcionamiento es el mismo que con los antígenos A y B: únicamente cuando a una persona que carece de esta proteína en los glóbulos rojos de su sangre se le inyecta la de otra que sí lo posee, se producirá una respuesta inmunitaria.

Por lo tanto, para ser del todo correctos, el “donante universal” es en verdad el O-, mientras que el “receptor universal” es el AB+.


RECEPTOR
Rh+
Rh-
D
O
N
A
N
T
E
Rh+
P
O
Rh-
P
P