jueves, 23 de junio de 2016

NO AL SEDENTARISMO

Se cree que más de la mitad de la población mundial no realiza la actividad física necesaria. Y es que en las nuevas generaciones cada vez es más habitual el sedentarismo, que se ha convertido incluso en un importante factor de riesgo para algunas enfermedades, de lo cual tienen la culpa en gran parte las nuevas tecnologías. Hoy en día, muchos niños prefieren quedarse en casa a jugando a videojuegos, con sus teléfonos móviles, con sus tablets o con sus portátiles a salir a la calle y realizar otro tipo de actividades de ocio al aire libre, tal y como se hacía antes. El gran Albert Einstein dijo un día: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”. Lo peor es que la profecía del físico alemán está muy cerca de hacerse realidad, si no lo ha hecho ya, y en verdad cada vez pasamos más y más tiempo pegados a las pantallas en detrimento de nuestra actividad. Es la cruda realidad. Sin embargo, las tecnologías no son la única razón; también el aumento de la delincuencia, el incremento del tráfico y la contaminación en las calles y la disminución de las explanadas y de las áreas verdes pueden ser otros motivos razonables. En definitiva, lo que está claro es que la vida y el día a día han cambiado mucho en los últimos años y el sedentarismo está cada vez más presente. Si a esto le añadimos la proliferación de la comida rápida en el mundo actual y en muchas ocasiones una alimentación inadecuada y en excesivas cantidades, está claro que los problemas de salud serán más que evidentes.








ANTES









AHORA






11 CONSECUENCIAS DEL SEDENTARISMO:

-Sobrepeso y obesidad: el ejercicio físico ayuda a quemar el exceso de calorías y grasas que el cuerpo no necesita. Por el contrario, el sedentarismo hace que se deje de secretar la hormona irisina, que se encarga de convertir la grasa blanca “mala” en grasa parda “buena”, contribuyendo su ausencia a la obesidad.

-Aumento del apetito: podríamos pensar que si gastamos energía con la actividad física, el cuerpo nos pedirá que comamos para poder reponer esa energía, pero al contrario de lo que nos dice nuestra lógica, solemos tener más ganas de comer cuando nos pasamos la mañana sentados en el sillón de casa o en la silla de clase o del trabajo que cuando salimos a movernos. Esto se debe a que la vida activa aumenta los niveles en sangre de amilina o de leptina, lo cual reduce la sensación de hambre. La amilina, por su parte, es una hormona sintetizada por las células beta de los islotes de Langerhans del páncreas cuyo mecanismo de actuación aún no está muy claro, mientras que la leptina es una hormona secretada por los adipocitos que actúa en el núcleo paraventricular del hipotálamo liberando un neuropéptido que reduce el apetito y aumenta también indirectamente el metabolismo basal.

-Ascenso de los niveles de colesterol LDL (“malo”), descenso de los del HDL (“bueno”) y propensión a enfermedades cardiovasculares, como la diabetes y la hipertensión arterial.

-Bajo estado anímico: durante el ejercicio físico liberamos endorfina, de modo que si no mantenemos una vida activa, los niveles de dicha hormona descienden y, por consiguiente, estamos más decaídos e incluso baja nuestra autoestima.

-Dolores articulares y contracturas de espalda y de cintura: la vida sedentaria conlleva una pérdida de musculatura que puede suponer estas dolencias. En cambio, una práctica diaria de ejercicio físico puede ser muy beneficiosa para la espalda y nos puede librar de alguna lumbalgia.

-Aumento del riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer (de endometrio en las mujeres, de intestino o de pulmón), tal y como demostró un estudio de la revista británica Journal of the National Cancer Institute.

-Debilitamiento óseo, que aumenta las posibilidades de sufrir osteoporosis.

-Disminuye la longevidad: permanecer 6 horas al día frente al televisor acorta la vida hasta en 5 años, tal y como demostró el British Journal of Sports Medicine.

-Reduce la liberación de testosterona y la fertilidad en el hombre.

-Menor rendimiento académico y laboral: numerosos estudios han reflejado también una mejora del rendimiento cognitivo con la realización de ejercicio físico. El hecho de hacer deporte tan solo unos minutos al día es capaz de aumentar nuestra concentración o capacidad de atención.

-Trastornos del sueño: estar sentado durante muchas horas al día tiene un impacto negativo en la calidad del sueño, dificulta el mantenerse despierto durante el día y hace más frecuentes los síntomas de la apnea del sueño. A diferencia de estas personas sedentarias, las más enérgicas tienen más facilidades para conciliar el sueño y disfrutan de una mejor calidad del mismo.



Y ahora, una vez que conoces los perjuicios del sedentarismo y los beneficios de una vida activa, ya eres tú el que decides qué camino escoger. En nuestras manos está cuidar de nosotros mismos y llevar unos hábitos de vida saludables sin mucho esfuerzo y sin necesidad de pasarnos horas y horas en el gimnasio. Simplemente es necesario un poco de fuerza de voluntad para hacer un poco de ejercicio a menudo y fijarnos quizás una rutina, ya que la clave no está en pegarnos palizas varios días seguidos esperando resultados repentinos imposibles y luego volver al sedentarismo. El quid está en ser constantes (sin excedernos tampoco en la intensidad) y crear ese hábito, de manera que cada vez nos cueste menos hacer un poco de ejercicio si es que no somos muy aficionados a ello y que lo lleguemos a ver más bien como un entretenimiento o una forma de divertirse, en lugar de como una obligación.



martes, 21 de junio de 2016

COMPOSICIÓN DE LA SANGRE Y GRUPOS SANGUÍNEOS

La sangre humana está formada en un 55% por plasma sanguíneo (formado mayoritariamente por agua y contiene proteínas como la albúmina, las inmunoglobulinas y factores de coagulación) y en un 45% por tres elementos formes:

-Plaquetas, que son fragmentos celulares producidos por la médula ósea roja e intervienen en la coagulación sanguínea.

-Leucocitos o glóbulos blancos, que son células nucleadas que intervienen en la defensa del organismo y que se forman en la médula ósea. Se diferencian dos tipos:

            -Monomorfonuleares o agranulocitos, que poseen únicamente gránulos primarios o                            azurófilos y que, a su vez, se clasifican en:

-Linfocitos, que son los leucocitos de menor tamaño y son los encargados de la defensa inmunitaria. Se distinguen linfocitos T, que son los responsables de la inmunidad específica celular, se diferencian en el timo y pueden ser cooperadores (T4) o citotóxicos (T8); y por otro lado, los linfocitos B, que son los responsables de la inmunidad específica humoral y se diferencian en el hígado y en el bazo durante el estado fetal y en la médula ósea en el adulto. Un tercer tipo de linfocitos son las células NK (Natural Killer), que provienen también de la médula ósea pero se diferencian de los otros dos tipos anteriores en que son responsables de la inmunidad innata en lugar de encargarse de la específica o adquirida como hacen tanto los linfocitos T como los linfocitos B.

-Monocitos, que son los leucocitos de mayor tamaño e intervienen en la fagocitosis, que es un tipo de endocitosis en la que la membrana plasmática de la célula se invagina y engloba en su interior partículas de gran tamaño, organismos vivos o restos celulares que forman grandes vesículas, visibles incluso al microscopio óptico, denominadas vesículas o vacuolas de fagocitosis (fagosomas).

-Polimorfonucleares o granulocitos, que presentan tanto gránulos primarios o azurófilos como gránulos específicos o secundarios. Dentro de estos, a su vez, diferenciamos:

-Neutrófilos, que son los más abundantes, suponiendo un 65-68% de los leucocitos. Se encargan de llevar a cabo la fagocitosis.

-Basófilos, que sintetizan un anticoagulante llamado heparina y un vasodilatador denominado histamina y que, al igual que los eosinófilos, juegan también un papel importante en las alergias y en las infecciones parasitarias.

-Eosinófilos, que son los menos abundantes, ya que conforman tan solo un 0,1-1% de los leucocitos. Intervienen en las alergias y en la fagocitosis, junto a monocitos y neutrófilos.


-Eritrocitos, hematíes o glóbulos rojos, que son células bicóncavas carentes de núcleo que se encargan del transporte de oxígeno unido a hemoglobina hasta las células. Se forman en la médula ósea roja.

Sin embargo, la sangre no es igual en todos los seres humanos y la razón por la que se puede clasificar en un grupo o en otro reside precisamente en estos glóbulos rojos.








SISTEMA ABO

Los 4 grupos sanguíneos (A, B, AB y O) fueron descubiertos en 1900 por el científico austriaco Karl Landsteiner, hallazgo por el cual logró conseguir el Premio Nobel de Medicina en 1930 y que ha permitido salvar miles de vidas desde entonces, al dejar establecidos los criterios de compatibilidad sanguínea para llevar a cabo las transfusiones entre seres humanos.

El sistema de grupos sanguíneos ABO en el ser humano es un caso de alelismo múltiple, al igual que las proteínas plasmáticas humanas o el color de ojos de la Drosophila Melanogaster. En los grupos sanguíneos no existen solo dos alternativas para un mismo carácter, sino que intervienen tres alelos, que son A, B y O (ausencia de los antígenos A y B).

Por esta razón, existen 4 grupos sanguíneos distintos según las glucoproteínas presentes en la membrana de los glóbulos rojos que funcionan como antígenos (aglutinógenos). Los glóbulos rojos pueden poseer antígenos en su superficie (A, B o ambos) o carecer de ellos, y para determinar a qué grupo sanguíneo pertenecemos, hay que tener en cuenta que la presencia del antígeno A y la presencia del antígeno B son codominantes y que ambos dominan frente a la ausencia de los antígenos A y B (grupo sanguíneo O). Por ello, los grupos sanguíneos que les corresponderán a los diferentes genotipos posibles serán los siguientes:

-AO: grupo A.
-AA: grupo A
-AB: grupo AB
-BO: grupo B
-BB: grupo B
-OO: grupo O

A la hora de realizar una transfusión sanguínea, es totalmente imprescindible conocer el grupo sanguíneo del donante y del recepetor, ya que estos antígenos son los culpables de la producción de anticuerpos cuando entran en el cuerpo de una persona cuya sangre no presenta dichos antígenos. De esta manera, los antígenos A producen anticuerpos frente a los anticuerpos B, los antígenos B fabrican anticuerpos para los anticuerpos A, los AB no generan anticuerpos y los O (carentes de antígenos A y B) van a producir anticuerpos frente a los dos tipos de antígenos. Por lo tanto, estos anticuerpos fabricados son los responsables de la incompatibilidad de las transfusiones sanguíneas. Si realizáramos una transfusión incorrecta, los glóbulos rojos se aglutinarían y supondría probablemente la muerte de la persona.

Como conclusión, podemos afirmar que a un individuo cualquiera se le podrá hacer una transfusión sanguínea siempre y cuando la sangre inyectada no posea antígenos que no estén presentes en los glóbulos rojos de su propia sangre.

Dicho esto, ¿cuál es el “donante universal”?

El donante universal (término acuñado por Ottenberg en 1911) es el O, puesto que los eritrocitos de este tipo de sangre no poseen en su membrana ningún antígeno que pueda provocar la formación de anticuerpos frente a ellos al ser introducidos en otro individuo de cualquier otro grupo sanguíneo.

¿Y cuál es el “receptor universal”?

El receptor universal es el AB, puesto que tiene tanto antígenos A como antígenos B, de modo que no existe ningún otro antígeno diferente en otro tipo de sangre que al introducirse pueda dar lugar a anticuerpos y un consecuente rechazo.


RECEPTOR
A
B
AB
O
D
O
N
A
N
T
E
A
P
O
P
O
B
O
P
P
O
AB
O
O
P
O
O
P
P
P
P



GRUPO SANGUÍNEO
A
B
AB
O
ANTÍGENO
A
B
A y B
-
ANTICUERPO
Anti-B
Anti-A
-
Anti-A y Anti B
¿A QUIÉN PUEDE DONAR?
A y AB
B y AB
AB
A, B, AB y O
¿DE QUIÉN PUEDE RECIBIR?
A y O
B y O
A, B, AB y O
O


FACTOR RH

El factor Rh es otra proteína aglutinógena a tener en cuenta en la membrana de los glóbulos rojos que permite clasificar también la sangre en Rh+, si tiene esa proteína, o Rh-, si carece de ella. Por esta razón, existen realmente ocho tipos diferentes de sangre: A+, A-, B+, B-, AB+, AB-, O+ y O-, de los cuales el O+ es mundialmente el más frecuente y el AB-, el más inusual.

El funcionamiento es el mismo que con los antígenos A y B: únicamente cuando a una persona que carece de esta proteína en los glóbulos rojos de su sangre se le inyecta la de otra que sí lo posee, se producirá una respuesta inmunitaria.

Por lo tanto, para ser del todo correctos, el “donante universal” es en verdad el O-, mientras que el “receptor universal” es el AB+.


RECEPTOR
Rh+
Rh-
D
O
N
A
N
T
E
Rh+
P
O
Rh-
P
P


martes, 14 de junio de 2016

BENEFICIOS DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA 3, OMEGA 6 Y OMEGA 9

Los ácidos grasos son ácidos carboxílicos formados por largas cadenas carbonadas con un número par de carbonos y que poseen carácter anfipático, ya que la cadena carbonada (cola) es apolar e insoluble en agua y el extremo con el grupo carboxilo (cabeza) es polar y soluble en agua. Pueden ser de dos tipos: saturados, si solo poseen enlaces simples, o insaturados, si tienen uno o varios enlaces dobles que suelen ser normalmente cis, lo que da lugar a un acodamiento de las moléculas y a un empaquetamiento más débil que en los saturados.

Algunos de estos ácidos grasos pueden ser sintetizados por el propio organismo y se denominan no esenciales, como es el caso de los saturados y monoinsaturados. En cambio, los ácidos grasos poliinsaturados deben ser incorporados en la dieta y son muy importantes también, puesto que su carencia puede imposibilitar además la síntesis de otras moléculas como los lípidos saponificables de los que forman parte o las prostaglandinas, que son mediadores de la inflamación. Este tipo de ácidos que nuestro cuerpo no es capaz de fabricar por sí mismo recibe el nombre de esenciales. Bajo esta denominación encontramos muchos ácidos grasos omega.

Los ácidos grasos insaturados incluidos en las series omega son de gran interés. El término omega se emplea para señalar la ubicación del primer doble enlace de la cadena empezando a contar desde el último carbono, llamado omega (ω). Así, los conocidos omega 3 son aquellos que presentan el primer doble enlace en el tercer carbono empezando a contar por el final, de la misma manera que los omega 6 lo tienen en el sexto. La variedad de ácidos grasos dentro de cada una de estas series es muy amplia, pudiendo variar el número de dobles enlaces que presentan en la molécula o la longitud.


ÁCIDOS GRASOS OMEGA 3

¿Qué alimentos lo presentan?

-Pescados grasos: sardinas, salmón, atún y caballa.











-Verdura: lechuga, espinacas, brócoli, coles y coliflor.













-Frutos secos y semillas: semillas de lino, nueces, almendras, cacahuetes, avellanas y pistachos.













-Aceites vegetales: de lino, de oliva y de girasol.











Beneficios:
-Aporta grandes beneficios a la salud cardiovascular, disminuyendo los niveles de colesterol LDL (“malo”) y triglicéridos, previniendo la formación de coágulos en las arterias, mejorando la circulación sanguínea y reduciendo la hipertensión arterial. Además, protege contra el cáncer, favorece el buen funcionamiento de las neuronas y tiene propiedades antiinflamatorias, por lo que es beneficioso para reducir el dolor de enfermedades como la artritis.

Los más comunes son:

• Ácido alfa-linolénico (ALA), químicamente llamado ácido octadeca-9, 12, 15-trienoico. Es una cadena de 18 carbonos que posee 3 dobles enlaces, situados en las posiciones 9, 12 y 15. Es el precursor de los demás ácidos grasos de la serie omega 3.


• Ácido eicosatetraenoico, químicamente llamado ácido eicosa-8, 11, 14, 17-tetraenoico. Es una cadena de 20 carbonos con 4 dobles enlaces, localizados en las posiciones 8, 11, 14 y 17.
• Ácido eicosapentaenoico (EPA), químicamente llamado ácido eicosa-5, 8, 11, 14, 17-pentaenoico. Es una cadena de 20 carbonos con 5 dobles enlaces, que se encuentra en las posiciones 5, 8, 11, 14 y 17.
• Ácido docosahexaenoico (DHA), químicamente llamado ácido docosa-4, 7, 10, 13, 16, 19-hexaenoico. Conforma una cadena de 22 carbonos con 6 dobles enlaces en las posiciones 4, 7, 10, 13, 16 y 19.


ÁCIDOS GRASOS OMEGA 6


¿Qué alimentos lo presentan?

En realidad, la mayoría de los alimentos que contienen omega 3 citados anteriormente contienen también omega 6 en gran cantidad. Sin embargo, a diferencia de los omega 3, los ácidos grasos omega 6 están presentes también en las carnes magras y vísceras.



Es por ello que prácticamente sin quererlo incorporamos una mayor cantidad de omega 6 respecto a la de omega 3 de la que debemos ingerir, por lo que es aconsejable reducir el consumo de los primeros ácidos grasos e incrementar el de los segundos para así lograr ese equilibrio entre ácidos grasos omega 3 y ácidos grasos omega 6, lo cual es fundamental para el metabolismo de las prostaglandinas. Los expertos recomiendan que el consumo de ácidos grasos omega 6 sea cuatro veces el de los omega 3, para lo cual resulta conveniente reducir la ingesta de productos cárnicos e incrementar el de vegetales especialmente ricos en omega 3.

Beneficios:

Equilibra los niveles de insulina y previene la diabetes, cuida la piel, alivia los síntomas premenstruales en la mujer, mejora el flujo y el riego sanguíneo a todas las partes del cuerpo previniendo la caída del cabello, interviene en el buen funcionamiento del sistema inmunitario y nervioso, reduce el colesterol y los triglicéridos y tiene propiedades antiinflamatorias beneficiosas para combatir la artritis reumatoide al disminuir los niveles de prostaglandinas. Por lo tanto, los beneficios de los omega 3 y omega 6 son similares.

Los más comunes son:
• Ácido linoleico, químicamente llamado ácido 9, 12-octadecadienoico. Es una cadena de 18 carbonos con 2 dobles enlaces en las posiciones 9 y 12. Es el precursor de los demás ácidos grasos de la serie omega 6.
• Ácido eicosadienoico, químicamente denominado ácido 11, 14-eicosadienoico. Está formado por 20 carbonos y presenta 2 dobles enlaces en las posiciones 11 y 14.
• Ácido araquidónico, químicamente llamado ácido-5, 8, 11, 14-eicosatetraenoico. Es una cadena de 20 carbonos con 4 dobles enlaces situados en las posiciones 5, 8, 11 y 14.
• Ácido adrénico, químicamente llamado ácido-7, 10, 13, 16-docosatetraenoico. Es una cadena de 22 carbonos con 4 dobles enlaces localizados en las posiciones 7, 10, 13 y 16.


Por otro lado y para terminar ya, cabe destacar también otra serie omega, la de los ÁCIDOS GRASOS OMEGA 9 que, a diferencia de los omega 3 y omega 6 explicados anteriormente, no son esenciales, sino que nuestro organismo es capaz de sintetizarlos por sí mismo. Otra peculiaridad de esta serie de ácidos grasos omega es que no interfieren en la asimilación de otros ácidos grasos, mientras que los omega 3 y los omega 6 sí compiten a la hora de ser metabolizados, de modo que la escasez de uno conlleva el exceso del otro y viceversa.

El ácido graso omega 9 más común con diferencia es el ácido oleico, químicamente llamado ácido octadeca-9-enoico. Está formado por una cadena de 18 carbonos con un solo doble enlace en la posición 9 (monoinsaturado). Se encuentra principalmente en los aceites de canola, girasol y oliva y tiene también beneficios para la salud al disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, aumentar los niveles de colesterol HDL (“bueno”) y disminuir las cantidades de colesterol LDL (“malo”).

Como veis, los ácidos grasos omega también presentan beneficios para la salud y resulta imprescindible incorporarlos a nuestra dieta, pero como siempre decimos, en su justa medida, ni por exceso ni por defecto. Si al igual que realizamos una ingesta diaria adecuada de estos ácidos grasos nos preocupamos por hacer lo mismo con el resto de alimentos para mantener una dieta sana, variada y equilibrada, hacemos ejercicio a menudo, bebemos agua en abundancia, dormimos unas 8 horas diarias y evitamos malos hábitos, vamos por un buen camino para mantenernos en buen estado de salud. Simplemente con un poco de fuerza de voluntad lo podemos conseguir. ¡Cuídate!




miércoles, 8 de junio de 2016

¿EN QUÉ CONSISTE EL CÁNCER? CADA VEZ MÁS CERCA DE UNA VACUNA UNIVERSAL

En España se diagnostican anualmente 200.000 casos nuevos de cáncer y es una enfermedad que constituye una de las principales causas de muerte en todo el mundo, junto con las enfermedades cardiovasculares, el SIDA y la diabetes, por lo que es una de las que más preocupan a los médicos e investigadores y sobre la que queda mucho por descubrir.

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El cáncer, sea del tipo que sea, es una enfermedad genética, ya que consiste en el crecimiento y la división descontrolada de algunas células del cuerpo denominadas cancerosas, debido a que se producen alteraciones en los genes que se encargan de la regulación de la proliferación celular (protooncogenes, genes supresores de tumores y genes reparadores del ADN), que han podido ser heredadas de la ascendencia o causadas por errores o mutaciones en el ADN durante la división de las células o por la exposición al medio ambiente. Por lo tanto, aunque sea genética, no es una enfermedad necesariamente hereditaria, es decir, que el hecho de tener familiares directos enfermos de cáncer supone simplemente una cierta predisposición a sufrirlo, pero puede aparecer también por otros motivos y tan solo una parte de los casos son hereditarios. 

Las células cancerosas se distinguen de las células normales en que son menos especializadas y no se diferencian en distintos tipos celulares como sí hacen las normales. Además, son capaces de evadir el sistema inmunitario y las señales de la muerte celular programada o apoptosis, razón por la cual continúan dividiéndose sin límite alguno, en lugar de ir reemplazándose como lo hacen las células normales con el paso del tiempo cuando envejecen o se dañan. Otra característica de las células cancerosas es que pueden llegar a formar incluso unas masas llamadas tumores, que pueden ser de dos tipos:

-Por un lado, tenemos los tumores malignos, que son aquellos que se pueden extender a los tejidos cercanos, invadiéndolos. Incluso algunas células cancerosas pueden ser transportadas por la sangre o la linfa hacia otras zonas del cuerpo y dar lugar a nuevos tumores. Además, los tumores malignos pueden volver a crecer tras haber sido extirpados.

-Por otro lado, tenemos los tumores benignos, que no se extienden, pueden ser de gran tamaño y no vuelven a crecer una vez que han sido extirpados, a diferencia de lo que ocurre con los malignos. Únicamente aquellos tumores benignos que aparecen en el cerebro pueden llegar a poner en peligro la vida del paciente.

Como sabemos, el término cáncer engloba a una amplia variedad, concretamente a 200 tipos diferentes como mínimo, cada uno de los cuales pueden ser muy distintos entre sí porque dependen de las células tisulares que se vean afectadas. Algunos de los cánceres más comunes son: carcinomas (en las células epiteliales), leucemia (en los tejidos que forman la sangre de la médula ósea), linfoma (en los linfocitos T o B), sarcoma (en el hueso y en tejidos blandos), melanoma (en los melanocitos de la piel o de los ojos) y mieloma (en la células plasmáticas). De esta manera, es posible padecer un cáncer en cualquiera de los órganos del cuerpo. En el hombre, los más comunes son el de próstata, el de estómago, el de hígado y el de colon; mientras que en la mujer, los más frecuentes son el de mama, el de útero, el colon, el de estómago y el de pulmón.

El problema del cáncer es que, debido a la similitud entre células cancerígenas y normales, es muy difícil de combatir y solamente se logra una respuesta eficiente por parte del sistema inmune cuando las células cancerígenas producen antígenos, lo cual está dificultando en gran medida el hallazgo de un buen mecanismo de vacunación. Si a este hecho le sumamos que el crecimiento de tumores no está asociado a señales inflamatorias, la respuesta frente al cáncer se complica mucho y los esfuerzos realizados por los investigadores para lograr su objetivo han de ser muy grandes, puesto que esto significa que el sistema inmunitario no solo no ataca el tumor, sino que lo tolera y en algunas ocasiones lo promueve incluso. Esta es la razón por la que en todos estos años no haya conseguido todavía encontrar una prevención y una cura para los enfermos de cáncer.

Durante muchos años, el tratamiento médico elegido más frecuentemente contra esta enfermedad, a falta de otro mejor, ha sido la quimioterapia, que consiste en el empleo de fármacos o sustancias químicas con el objetivo de intentar aminorar los síntomas del cáncer atacando las células tumorales que se están dividiéndose impidiendo su multiplicación. Sin embargo, estos medicamentos de la quimioterapia no solo atacan a las células tumorales, sino también a las células sanas, por lo que pueden tener fuertes efectos secundarios, entre los que se encuentran: reducción de los glóbulos blancos y de las plaquetas, pequeñas lesiones en la boca y en las mucosas, esterilidad, pérdida de la sensibilidad y apreciable caída del cabello. Una vez vistos todos estos inconvenientes, no es de extrañar que sea un tema de debate y que haya opiniones encontradas al respecto. Pero como siempre ocurre, tanto en la medicina como en la vida cotidiana, es cuestión de poner pros y contra en una balanza y decidir.


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No obstante, últimamente, debido a la toxicidad de la quimioterapia, nos estamos decantando más por el uso de técnicas que precisamente ayudan al sistema inmune a identificar las células cancerosas para que las destruya.

Sin lugar a dudas, todas nuestras esperanzas en hallar una cura y prevención para el cáncer están puestas en la investigación. Pues bien, ha sido precisamente en el campo de la prevención donde recientemente hemos dado un nuevo paso y la inmunoterapia nos está abriendo camino. Este avance se ha logrado en Alemania, donde un grupo de investigadores de la universidad de Maguncia ha empleado unas nanopartículas con fragmentos de ADN de un tumor recubiertos de una capa de lípidos con el fin de imitar la entrada de un patógeno en el torrente sanguíneo y desencadenar una respuesta autoinmune en los tumores. La función del recubrimiento de lípidos consiste en conservar el ARN hasta su llegada a las células dendríticas, donde el ARN va a dar lugar a un antígeno específico contra el tumor cancerígeno, constituyendo así la señal necesaria para desencadenar la respuesta inmunitaria frente al cáncer. Ya se ha conseguido inducir respuestas en ratones y en una primera fase experimental en pacientes humanos con melanoma avanzado. La clave de que en un futuro esto pueda utilizarse para crear vacunas frente a cualquier tipo de cáncer es el hecho de que cualquier antígeno basado en una proteína puede codificarse en el ARN. Los resultados y avances nos hacen pensar que cada vez nos encontramos más cerca de crear una vacuna universal contra el cáncer. Está claro que aún queda mucho por investigar, pero ojalá en un futuro no muy lejano podamos hallar la cura a esta temida y misteriosa enfermedad.


La Jeringa, Guante, Médicos, Sangre, Investigación




miércoles, 1 de junio de 2016

RESISTENCIA A LOS ANTIBIÓTICOS: PRIMER CASO EN EEUU

Cuando llega el frío, las enfermedades respiratorias y víricas se convierten en una constante en todas las casas. En el día a día, y sobre todo en invierno, la humanidad consume ingentes cantidades de antibióticos. Y no solo de antibióticos, sino también de otros medicamentos, como el ibuprofeno por ejemplo, que no es un antibiótico sino un analgésico y también un antiinflamatorio. Un dato desolador es que en España más de 8 millones de personas consumen dosis diarias de ibuprofeno superiores a las recomendadas. Increíble pero cierto. Lo peor desgraciadamente es que tampoco se da un uso mucho más sensato a los antibióticos. Muchas veces, se toman por una razón de peso, pero en otras ocasiones, su uso es innecesario o al menos perfectamente evitable, cuando las dolencias son más leves. Sin embargo, no decimos esto porque nos guste el masoquismo o nos venga bien sufrir ni mucho menos, sino porque si lo pensamos fríamente una reducción del consumo de medicamentos en la medida de lo posible será mejor para nosotros mismos y para toda la humanidad. ¿Por qué? El quid de la cuestión está en el problema de la resistencia a los antibióticos.


Una de las razones por las cuales es perjudicial administrar excesivos antibióticos se basa en que llega un momento en el que las bacterias adquieren la capacidad de combatir y destruir los antibióticos destinados a eliminarlas, haciéndose cada vez más difíciles de erradicar y los antibióticos menos eficaces frente a ellas. Esto es a lo que se denomina resistencia a los antibióticos. Las bacterias son capaces de fabricar la enzima β-lactamasa que se va a encargar de atacar el anillo β-lactámico de 4 átomos de carbono que posee la penicilina de los antibióticos. Esta β-lactamasa se transmite a otras bacterias a través de un plásmido y así las bacterias van a ser capaces de inactivar la penicilina, puesto que los anillos de 4 átomos de carbono ya no son tan estables como los de 5 o 6 y pueden romperse con facilidad.

No obstante, para intentar evitar esto, utilizamos amoxicilina, que es un derivado de la penicilina que incluye el ácido clavulánico, que actúa como un inhibidor suicida. El ácido clavulánico tiene el mismo anillo β-lactámico que la penicilina, por lo que va a ser detectado por la enzima β-lactamasa de las bacterias y lo van a atacar, rompiendo ese anillo del ácido clavulánico y quedando covalentemente unida a él. Así, cuando se introduce la penicilina, ya no se activa esta enzima para romper el anillo de la penicilina y puede realizar su acción. Sin embargo, de poco sirve este avance si seguimos haciendo un uso irresponsable de los antibióticos.

Otro aspecto a tener en cuenta y que probablemente no todo el mundo tenga claro es que los antibióticos han sido fabricados para combatir enfermedades infecciosas producidas por bacterias y no por virus ni hongos, para los cuales existen, respectivamente, medicamentos antivirales y antifúngicos específicamente para ellos. Por lo tanto, si nos empeñamos en intentar curar un resfriado, una gripe o cualquier enfermedad vírica con un antibiótico, no solo será ineficaz frente a ella, sino que será perjudicial para nuestro cuerpo y contribuiremos desgraciadamente a la resistencia frente a los antibióticos.

Una consecuencia reciente o una prueba más de este uso inadecuado o excesivo de los antibióticos que está generando esta creciente resistencia a los mismos y que demuestra la importancia de tomar cartas en el asunto es la noticia que aparecía en los periódicos el pasado 26 de mayo en la que se nos informaba del primer caso de una bacteria resistente a todos los antibióticos en EEUU. Sin embargo, no es el primer suceso en todo el mundo, sino que ese gen de resistencia a los antibióticos que se llama mcr-1 y que está presente en esa bacteria de Escherichia Coli hallada en Estados Unidos ya se había dado anteriormente en Europa, África, China, Suramérica y Canadá. Fue ya a principios de 2015 en China cuando empezamos a tener constancia de la existencia de este gen, lo cual tampoco es raro puesto que en China se consumen 12.000 toneladas anuales de colistina en la industria agro-ganadera. La rápida llegada del gen también a países europeos como Dinamarca, Holanda y Francia llevaron a la Unión Europea a modificar el protocolo para el uso animal del antibiótico.

El nuevo caso estadounidense del que hablábamos corresponde a una paciente de 49 años de Pensilvania a la que se detectó en un análisis de orina un tipo extraño de bacteria Escherichia Coli, que ha sido considerada como una de las más letales puesto que es resistente a todos los antibióticos, incluida la colistina, que es el último recurso del que disponen los médicos cuando el resto de antibióticos no son efectivos y que solo se suele utilizar en dichos casos, ya que su toxicidad y los daños que podía ocasionar no permitían un uso mayor.

Bacteria Escherichia Coli

De cualquier manera, este nuevo suceso es un hecho más que nos hace pensar que puede llegar un momento en el que los antibióticos dejen de ser útiles. Ya se están dando casos en los que el médico se halla en la indeseable situación de impotencia y desesperanza de no disponer de un antibiótico que suministrar al paciente para tratar una enfermedad, lo cual es algo que nunca debería ocurrir.

Sin embargo, tampoco es el fin del mundo. Sabemos que las resistencias los antibióticos están relacionadas con el uso que hacemos de estos, por lo que con el tiempo estas probablemente evolucionarán y podamos echar mano de medicamentos que antes no utilizábamos.

Además, la investigación para descubrir nuevos medicamentos continuará, al igual que proseguirán los avances en ingeniería genética, un campo en el que están puestas muchas esperanzas y que probablemente nos ofrezca nuevas posibilidades para tratar estas enfermedades.

Pero esto tampoco quiere decir que haya que relajarse ni mucho menos. Hay que alertar a la población y concienciarnos de este problema de la resistencia a los antibióticos y de que cada uno de nosotros podemos y debemos realizar un uso razonable y responsable de los mismos, acudiendo al médico, siguiendo sus instrucciones y sin automedicarse nunca. Tampoco estamos defendiendo evitar el uso de fármacos, ya que el descubrimiento de la penicilina por parte de Alexander Fleming en 1929 ha tenido desde entonces una importancia inconmensurable en la cura de enfermedades, en el mantenimiento de nuestro bienestar y nuestro estado de salud y en la mejora de la calidad de vida, sino que postulamos que no debemos a abusar de ellos. Como diría el filósofo griego Aristóteles: “la virtud está en el término medio”. Seamos conscientes de que el futuro de los antibióticos está en nuestras manos.